Surreal

He abierto la puerta
y ha entrado el agua.

Necesito un balcón
con vistas al aire. Sigue leyendo

Se lo voy a decir a mamá

Quiero estudiar. Y alguno dirá “pues nada, chica, estudia, estudia”, otro “uff, todo pa´ti, que pereza”, pero lo que a mí me han dicho es “No, lo siento, tú no”. Y repito, he dicho estudiar, no un yate, ni un viaje al caribe, pero parece ser que estoy más cerca del yate. Increíble.

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Imprescindible acudir a todas las citas

Me gusta seguir las normas. Me parece necesario. Así es como evitamos que reine el caos y el desconcierto. Por ejemplo, me apunté a un club de lectura. Que por cierto, antes -hasta el momento de apuntarme, claro – pensaba que eso solo existía en las películas, pero no. Amazing.           Sigue leyendo

Folletos del chino

La vecina de al lado se ducha todos los días a las once de la noche,
luego se seca el pelo.
La vieja de arriba está sorda,
su nieto le regaló unos altavoces por navidad
y le gusta el porno los domingos por la noche.
La portera a veces olvida recogerme la basura,
otras veces lo olvido yo. Recogerme la basura.
Y lo encuentro todo tirado y me tropiezo,
con eso y con un puto escalón que hay en mi calle.
Tengo que recoger. Y andar con más cuidado.

Nunca hay cartas en el buzón, y aun así lo miro.
Durante el día la puerta está siempre abierta,
la gente sale y entra, sale y entra, así todo el rato.
En el primer piso hay una academia
que no sé si es barata o solamente buena.
El del cuarto no me saluda.
El casero es el presidente de la comunidad
y es la comunidad el que elige al presidente y el presidente el que quiere
que sean los vecinos el presidente.

Sobre el resto,
creo que necesitan coger más confianza para molestar.

La mejor canción del mundo

Ayer me enamoré en un bar. Me gustaría enamorarme en las librerías. Sería menos común, más poético, más bonito, más de película – y por eso no pasa, niños, porque es de PELICULA-, pero rara vez me cruzo con alguien de mi edad. La media de edad son los cuarenta y. Triste. No la gente de cuarenta y, los de mi edad.

Era de noche, estaba oscuro y la música demasiado alta. La música siempre está demasiado alta. No le escuchaba bien, así que nos acercamos. Esa fue la única ventaja, obligó a un mayor contacto. Y el contacto siempre está bien. Me regaló un par de tapones de botella. Era camarero, sí, un tópico, pero es un tópico distinto si te regala tapones de botella. -Los guardo, por si nos casamos, y tenemos hijos, y tengo que contarles como pasó. Soy previsora-. Tenía rastas y una barba como las que detesto. Los tatuajes no me disgustaban demasiado. Brindó conmigo a media noche. Sonreía. Bailaba, eso me gustó. Bailaba más que los que bailan. Bailaba más que los que habían ido allí solo para bailar. Estaba vivo.
Fue eso, sí, estoy segura.

– Jousca

Se quejaran del ruido por no saber apreciar el silencio

Compraremos una casa con jardín
para poder descuidar la hierba.
Y tú podrás tocar el piano
cuando queramos silencio.
Y gritar regueros de tinta
mientras nos da el sol en la cara.

Puede que así los demás
no nos molesten
y se metan en sus casas
y se metan en sus asuntos.

-Natalia León